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NUESTRA FIESTA NECESITA TENER UN RUMBO BIEN MARCADO

 
 

No es complaciente, observar que la fiesta brava en nuestro medio, no tiene una dirección definida, y no es difícil darse cuenta que los entes, organizaciones y agrupaciones taurinas, no han tenido una participación directa que la enrumbe a mejores días, sino al contrario, la han abandonado a la deriva con evidente indiferencia, y si no se ha producido un colapso en ella, es por su firme  consistencia y porque es una fiesta recia que puede vivir sola, que no nació ayer, sino hace centurias.

Manolo Espinosa “El Ciclón”
 

No obstante, no se la puede descuidar, porque esto, permitiría que los absurdos corpúsculos de ambientalistas y defensores de los animales - tengan aunque limitado -, un espacio, en el que coexisten criterios deformes, mala intención, ignorancia e irrespeto a los conceptos y sentimientos de los demás, con  lo que de alguna manera, intentan degradar a la más majestuosa de las fiestas y eso no se lo puede consentir.Siempre hemos visto “una barca” a la deriva, sin timonel y sin dirección; tampoco un capitán que la dirija a buen puerto, exceptuando a los empresarios que son los únicos que se han preocupado en organizar festejos que sacian parcialmente la avidez de los aficionados, que por cierto, no es suficiente, porque existiendo un año con 365 días se espera mayor actividad en este ámbito

 

Hacía donde va la fiesta?.....  Debemos preguntarnos. ¿Qué hacen los actores que se dicen ser aficionados?.  ¿Acaso es suficiente con asistir a los espectáculos y luego esperar otro, si por casualidad aparece?. Penosamente debo decir, que la estamos dejando que vaya guiada por casuales vientos o la inercia nada más, mientras determinados “aficionados”, van engrosando el grupo de “parásitos” de la fiesta.  Y no se los podría llamarlos de otra forma, toda vez que solo se benefician del espectáculo y no contribuyen en absoluto con ella.  Hay que predicar y hacerlo, puesto que con la acción robusteceremos su existencia.
En estos tiempos, no nos hemos dado ni siquiera un momento, para reflexionar sobre esta triste  realidad que debe tocar la conciencia de los taurinos; la abulia y pereza parece que han ganado terreno, amén de los decepcionados que ponen su grano de arena en apoyo a los detractores, que de ninguna manera esa actitud es justificable sino reprochable. Los taurinos o son taurinos o no son nada, pero lo cierto es que deben definirse de una vez por todas.
Nos queda un solo camino, el de la rectificación, y se lo debe hacer cuanto antes sin ninguna dilación.  En primer término, provocar la unidad taurina, entre autoridades, empresarios, ganaderos, toreros, peñas y aficionados, esto quiere decir consolidar ideas y acciones, para delinear un rumbo bien marcado por el que se deslice sin contratiempos esta sin igual fiesta, y al respecto, Riobamba nos dio una gran lección en la última feria.
Por otro, contar con la decisión incondicional de los involucrados, en trabajar a tiempo completo sin escatimar esfuerzo alguno, hasta alcanzar los propósitos deseados, cuales son, los de ganar adeptos a través de una amplia difusión cultural y en este campo se cuenta con abundante material.                                                                                                                             Se quiere ver a las peñas u otras organizaciones taurinas, completamente activas ya que sobre ellas gravita una gran responsabilidad, la de difundir el arte de la tauromaquia, utilizando todos los recursos para el acercamientos con todos los sectores, sean estos los grupos “añejos” o las nuevas generaciones, pero lo cierto es que hay que ganar espacio, sobre todo en las temporadas taurinas, cuyo  papel preponderante es el crear el verdadero ambiente o atmósfera taurina en las ferias que se organizan en los distintos lugares del país.
Que las empresas se sientan respaldadas por los públicos en cada una de sus convocatorias, por la afición genuina y las agrupaciones taurinas; pero lo más importante, es que las primeras no solo se circunscriban a las tradicionales ferias, sino a fomentar la actividad, respaldando a las escuelas taurinas, organizando festejos fuera de temporada, dando oportunidad a los jóvenes que se están formando, sin olvidar, que si no hay toreros, no habrá, ni toros ni fiesta.
Que los ganaderos abandonen su pedestal y miren un poco más abajo, al lugar en el que se encuentran los que requieren de ayuda y ofrecerles tientas o retientas, pues a estos chicos, a los que sirven por cierto, entregarles el total  apoyo para que pulan sus talentos y logren delinear su profesionalismo.
Hay mucho por hacer, y que estas reflexiones sirvan para actualizar nuestros comportamientos, reconocer errores y actuar, que al final, la única beneficiada será la fiesta que debe estar ubicada en el sitial que le corresponde, y... ¡Siempre grande!

 

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