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Los hombres de determinados estatus, requieren lugares tradicionales y de cierta afluencia popular a los que convierten en importantes sitios de reunión, estos pueden ser bares, restaurantes o cafeterías, los que terminan siendo a la larga, verdaderas trincheras, en los que en horas muertas, los contertulios se reúnen para charlar, negociar, o simplemente ser protagonistas silenciosos que miran desfilar por el entorno, a miles de personas que se desplazan agitadas por sus múltiples intereses, mientras consumen lentamente la típica tacita de un aromático café caliente. |
Estos sitios ya conocidos, a los que se frecuenta a menudo, llegan a tener mucha influencia en nosotros – lo digo por experiencia propia -, que como si fuese parte integral de la vida, sentimos la necesidad y obligación de asistir constantemente a ellos, ya en la mañana, ya en la tarde, y tanto es el hábito que crea cierta adicción, y más que eso, despierta un intenso cariño por estos sitios, que de no concurrir, se siente que algo nos falta.
Se conoce las cafeterías del libro, que son concurridas por los intelectuales que en sus charlas jamás se ponen de acuerdo; los café galerías de arte, al que no faltan los artistas plásticos que discuten sus talentos; los judiciales que son notorios en su ambiente, en el que con profundo placer “desnudan” a las leyes, observándolas al revés y al derecho, y así por el estilo cada gremio o agrupación social tiene su propio lugar de concentración.
Existen en el mundo lugares preferenciales con características definidas, tal cual los tenemos en las distintas ciudades de nuestro país, tan conocidos y queridos, a los que hemos acudido y seguimos haciéndolo fielmente, atrapados por las inquietas corrientes humanas que nos arrastran directamente a donde queremos estar.
La familia taurina extensa y muy sociable – es su característica -, requiere de sus propias querencias, lugares adecuados para profundizarse en el tratado taurino, del que surgen discusiones y proyecciones sobre la fiesta; su problemática o algún runrún predominante de interés general, así como alguna tertulia oportuna. Hoy los tenemos modernos - aunque como es natural -, tuvieron su actualidad en el pretérito y fueron visitados por generaciones de aficionados, a los que no podían faltar los protagonistas de la fiesta (toreros, cuadrillas, empresarios, apoderados) quienes en ese entonces figuraban como profesionales en este ámbito
Todavía recordamos con nostalgia, que ubicados en el centro de Quito, se encontraban: la tradicional cafetería del Hotel Majestic, ubicada en plena plaza de la Independencia; otro muy cercano, el Madrilón, que por varios años se mantuvieron acogiendo a centenares de clientes que se “se despachaban” las últimas noticias en materia taurina.
Pero como los tiempos cambian, hoy existe la moderna cafetería “Amazonas” (nuevo centro de Quito), entre la Avenida del mismo nombre y la calle Roca, muy concurrido todos los días, tanto en la mañana cuanto en la tarde, y en la noche, ni que comentar.
Avanzando más al sur, en Latacunga, “Salamanca de América, el sitio predilecto de reunión, la heladería y cafetería “El Pingüino”, al que indefectiblemente concurren de todo, haciendo de este “una casa de la democracia”, y allí estamos los taurinos.
Continuando con el desplazamiento, llegamos a Ambato “La Babilonia de América”, en donde conocimos, existió el salón del “Suizo”, cuyo propietario fue don Ernesto Grob y que actualmente su hijo y gran amigo –taurino hasta la cepa -, Enrique Grob, posee el “Álamo”, al que se lo transformó en una bella galería de arte y rincón taurino.
Y en nuestra parada última en el centro del país, Riobamba, “La Sevilla chica”, ciudad de afición desbordante, que cuenta con una escuela de tauromaquia y una señera peña, la “Manolete”, no podía faltar la “ermita”, que la cuajan los “fieles” y románticos de la más hermosa y completa de las fiestas, la fiesta brava, el Bar “Tendido Cero”, ¿Qué taurino verdad?, pues estas son las jurisdicciones a las que se puede acudir confiadamente, y no es extraño que allí, nos encontremos para “desplegar los capotes”. Hemos hecho estas referencias, tan solo con el afán de que los taurinos “avisados” -esto quiere decir los más toreaditos -, no se olviden de los puntos de encuentro y por otro lado, para que los nuevos aficionados conozcan de estos espacios, que con el tiempo llegan a calar el alma…. Si no ¡compruébenlo! |