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EL AFICIONADO ….. ¡RECALCITRANTE¡
Por: Manolo Espinosa “El Ciclón”

              

Cuando se usan ciertos términos que se repiten a cada instante, es importante hacer una aclaración al respecto, o dar una explicación adecuada, para que no interpreten mal, aquellos aficionados a los que sin empacho los califico de recalcitrantes.
Para quien escribe estas líneas, es placentero hacerlo, porque con ello identifica a quienes – es decir a ciertos aficionados -, y diría los privilegiados, que actúan y opinan diferente, por lo que con justa razón, se les puede aplicar esa adjetivación que los convierte en virtuosos.
De acuerdo a la Real Academia de la Lengua,  y tomando algunas acepciones del Pequeño Larousse,  tenemos que recalcitrante significa: obstinado, indócil;  Océano señala: aferrado a una opinión, terco;  Real Academia Española: reacio obstinado;  según Lexus: reacio, obstinado;  el Nuevo Espasa: aferrado a una opinión o conducta y por último Editorial Pax define: como pertinaz y reincidente.
De todo ello infiero, que los aludidos tienen una personalidad muy especial,  que por su forma de ver las cosas, de manera frontal y sin obnubilaciones, tienen derecho a ser llamados recalcitrantes, y que por ese motivo, ocupan un espacio totalmente opuesto, a los pusilánimes y abúlicos. Es la antípoda de los aficionados que no aportan nada a la fiesta y que frente a una realidad, su única reacción es hundir la cabeza en un agujero abierto en la tierra, como el avestruz, que se abstrae del problema.
Para ser un poco más claro, en lo personal, yo distingo a tres clases de públicos: los que van a los toros tan solo por disfrutar de un espectáculo;  los aficionados que dicen amar este arte y que en vez de impulsarlo o mejorarlo, se quedan simplemente en las buenas intenciones, y “algunitos”, los prejuiciosos, que siempre usan  “gafas obscuras”, para sentirse más Papas que  el Papa.
Pero viene el tercer grupo, el más reducido, los recalcitrantes, que son los espectadores más completos.  Tienen afición, personalidad y carácter, para decir las cosas como son sin destemplarse.  Ellos no utilizan eufemismos ni disfrazan las cosas. Son  hombres que poseen suficiente autoridad, para encontrar errores y exigir rectificaciones, porque tienen un solo objetivo, el buscar la perfección en hechos y circunstancias..
No es ni más ni menos que el padre obstinado, que  con amor educa a sus hijos y exige observancia en todo, para alcanzar un individuo sin falencias, lo cual es muy difícil, pero ese es el sentido. O por otro lado, podemos pensar en el misticismo de los maestros que se sienten reacios al fracaso, que se afanan en impartir los suficientes conocimientos a sus alumnos, a fin de que estos no tengan vacíos ni defectos y sean útiles  la sociedad.
El asunto en los dos casos, es que se intenta por todos los medios y sin escatimar esfuerzo alguno, llegar a la perfección.  Luchar contra la mediocridad es su objetivo y sin descanso lo empeñan todo por ver realizados sus ideales, y que entre otras cosas, aplican su propio lema, decir la verdad ante todo.
Claro que, a  la mayoría no nos gusta que nos digan ciertas verdades porque resultan amargas, y en muchos casos, hasta duras, lo que nos lleva a  sentirnos completamente afectados, viéndonos obligados a rechazar todo comentario de los recalcitrantes, ya que  es más cómodo aceptar las lisonjas engañosas, de los solapados  y mentirosos que tratan de convencernos de una realidad inexistente.
Para finalizar reitero, que los únicos que no se andan con paños de agua tibia, dubitativos entre que sí o que no, sin términos medios  y siempre serán definidos, son los aficionados recalcitrantes a quienes se puede creer a pies juntillas sus apreciaciones, porque son el filtro al que no se le pasa nada y cuando piden rectificación, o señalan errores, es porque tienen toda la razón. Lamento no haber sido un aficionado  recalcitrante.

 
 
 

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